domingo, 3 de julio de 2011

Rasgos del Plan General de Instrucción Pública para las islas de Cuba y Puerto Rico


En anteriores entregas, explicábamos que en 1844 se aprobó un Plan General de Instrucción Pública para las islas de Cuba y Puerto Rico. Pues bien, dos aspectos destacados del mismo eran las sanciones que se estipulaban para combatir el incumplimiento de la obligatoriedad de la enseñanza y el control de los libros de texto. En ambos casos es notable el contraste entre la legislación peninsular y cubana.

Sobre la obligatoriedad de la enseñanza cabe destacar que, mientras que en el Reglamento de las Escuelas Públicas de Instrucción Primaria Elemental, de 26 de noviembre de 1838, que desarrolló el Plan de 21 de julio de 1838 para la instrucción primaria peninsular, en su artículo 20, se contemplan medios persuasivos prudentes para instar al cumplimiento de los deberes de padres de familia, en el Plan para Cuba y Puerto Rico (artículos 35-37) se percibe un mayor rigor, siendo necesario dar cuenta de los padres amonestados a la Inspección de Estudios.

Idéntico contraste legislativo apreciamos en la elección de los libros de texto. A diferencia del Reglamento peninsular de 1838, en cuyo preámbulo y artículo 61 se otorga cierta libertad a los maestros y comisiones locales para elegirlos, en el Plan para Cuba y Puerto Rico se dice literalmente: “No podrán usarse otros libros, sino los designados por la Inspección de Estudios con la aprobación del Supremo Gobierno”.

Un rasgo común en los planes peninsular y cubano que estamos analizando es el tratamiento de la enseñanza secundaria. Este nivel seguía estando considerado como parte de la Universidad, siguiendo una estructura educativa propia del Antiguo Régimen.

Al existir en Cuba y Puerto Rico una sola Universidad, la de La Habana, la enseñanza secundaria pública se redujo al Colegio dependiente de ella (artículos 55 y 56) y, en 1853, se encomendó a los jesuitas toda la enseñanza secundaria, incluso la del Colegio de la Universidad previsto en el Plan para Cuba y Puerto Rico.

Paralelamente, fueron proliferando centros privados de enseñanza secundaria que gozaron de gran prestigio. En ellos se fomentó el espíritu revolucionario e impartieron clase reconocidos patriotas cubanos como el filósofo José Cipriano de la Luz y Caballero (1800-1862), que fundó en 1848 el Colegio del Salvador.

No obstante, conviene señalar que el Plan del Duque de Rivas, de 1836, y el Plan Pidal, de 1845, no llegaron a aplicarse en Cuba y en Puerto Rico, por lo que los Institutos como tales serían creados en las islas después de 1863.


2 comentarios:

Miguel Mayoral M dijo...

¡Gracias, María y Laura! Vuestra aportación enriquece muchísimo nuestro trabajo. Os citaremos en Cabra

MARIA JESUS GONZALEZ IZQUIERDO dijo...

María, estoy como loca por que llegue el año que viene y vayáis a Logroño a hablar de los Institutos Históricos de Ultramar, así nos podemos conocer las tres: Laura, tú y yo.

Saludos y feliz verano, Mª Jesús

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